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Más de 160 millones de dólares generó la cadena vitivinícola en 2024; productores piden certidumbre política

El sector vitivinícola de Tarija proyecta una de las mejores vendimias de los últimos años gracias a un invierno con mucho frío y condiciones agroclimáticas favorables. Según voceros del sector, la productividad podría alcanzar niveles históricos, consolidando así el repunte iniciado en 2024.

En la pasada campaña, la cadena vitivinícola, que incluye producción de uvas de mesa, vino, singani, hotelería, comercio, transporte y provisión de insumos, generó un movimiento económico estimado en 160 millones de dólares, de los cuales 140 millones correspondieron solo a la uva de mesa comercializada en el mercado interno, según información brindada por José Luis Sánchez, Vocero de la Cadena Uvas, Vinos y Singanis.

Sin embargo, los productores reclaman certeza política y apoyo real del Estado. Uno de los pedidos centrales es la reactivación del fideicomiso productivo que años atrás permitió inyectar más de 600 millones de bolivianos en maquinaria agrícola a través del Banco de Desarrollo Productivo. Aquella política, considerada por los viticultores como una de las más efectivas, fue suspendida bajo el argumento de que los beneficiarios eran familias ricas, hecho que hoy se considera un error de apreciación.

“El fideicomiso no es un regalo. Pedimos créditos accesibles, no subsidios. Vamos a devolver ese dinero trabajando”, aseguró Sánchez.

A corto plazo, el sector espera que los candidatos al Legislativo se comprometan en la creación de una brigada parlamentaria vitivinícola, para asegurar la representación del sector en la toma de decisiones nacionales.

Actualmente, Tarija cuenta con 2.700 hectáreas cultivadas con vid, pero si se llegara a las 10.000 hectáreas, el impacto económico podría superar los 500 millones de dólares anuales y generar más de 20.000 empleos directos, revitalizando además al turismo, la hotelería y los servicios.

Finalmente, desde el sector también se cuestionan los retenes policiales que, lejos de facilitar la circulación de productos, funcionan como “puntos de extorsión” y obstaculizan el comercio, especialmente el que llega desde Argentina a través de Bermejo, dijo el Vocero.

“El gas se acaba, pero esta producción sin chimeneas ya está dando respuesta”, concluyó Sánchez.

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